Mayo 4, 2025
3er Domingo de Pascua
Juan 21: 1-19
Hermanos: hoy nos encontramos en el Tercer Domingo de Pascua, un tiempo privilegiado en el que seguimos celebrando la resurrección de nuestro Señor Jesús. La luz de la Pascua sigue iluminando nuestras vidas, y las lecturas de hoy nos invitan a reflexionar sobre el testimonio valiente de los apóstoles, la alegría que surge de la resurrección, y cómo Cristo resucitado sigue llamándonos a una vida nueva. Especialmente, en el Evangelio de hoy, Jesús se encuentra nuevamente con sus discípulos, y nos enseña algo esencial para nuestra vida cristiana: cómo reconocerlo y seguirlo.
En la primera lectura, los apóstoles, a pesar de ser perseguidos y amenazados, permanecen firmes en su testimonio de Cristo resucitado. Su valentía al proclamar la salvación de Jesús nos enseña a ser fieles y valientes en nuestra fe, sin temer las dificultades o persecuciones. El Salmo 29 es un himno de alabanza a Dios por su poder y acción liberadora. Nos recuerda que, en Cristo, Dios ha dado la victoria sobre la muerte, y por eso debemos alabarlo con gratitud y alegría, reconociendo su soberanía y amor. En el Apocalipsis se nos presenta una visión celestial donde toda la creación adora a Cristo como el Cordero inmolado y resucitado. Esta visión nos invita a reconocer la magnitud de la resurrección de Jesús, que no solo impacta nuestras vidas, sino que transforma todo el universo. Dios es digno de gloria y adoración por su victoria sobre el mal y la muerte.
El Evangelio de hoy nos muestra un encuentro profundo y transformador entre Jesús y sus discípulos. Después de la resurrección, los discípulos regresan a Galilea, pero no lo reconocen inmediatamente. Mientras pescaban sin éxito, Jesús se aparece en la orilla y les indica que echen las redes una vez más, y entonces obtienen una pesca abundante. Este milagro les recuerda a los discípulos el primer encuentro con Jesús, cuando fueron llamados a ser pescadores de hombres. Este milagro también nos invita a reflexionar sobre cómo muchas veces nuestras vidas pueden parecer vacías sin la presencia de Jesús, pero cuando le seguimos y obedecemos, Él nos da una abundancia que sobrepasa nuestras expectativas.
Lo más hermoso de este pasaje es el diálogo entre Jesús y Pedro. Después de la pesca milagrosa, Jesús invita a los discípulos a compartir una comida con Él. Luego, le pregunta a Pedro tres veces: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Esta triple pregunta no solo restaura a Pedro después de su triple negación, sino que lo llama a una misión nueva: cuidar de las ovejas de Jesús. La resurrección no solo restaura a Pedro, sino que también lo envía a ser el líder de la comunidad cristiana. Así, Jesús nos llama, no solo a reconocerle, sino también a seguirle, a amarle, y a ser enviados a proclamar su evangelio.
Hoy, las lecturas nos invitan a vivir con valentía y esperanza, como los apóstoles, siendo testigos del poder y la victoria de Cristo resucitado. Debemos alabar a Dios por su obra maravillosa y recordarle a todos que su resurrección trae vida y salvación.
Cómo he experimentado la presencia de Jesús resucitado en mi vida cotidiana. Qué significa para mí ser testigo valiente de la resurrección de Jesús en mi entorno. En qué áreas de mi vida puedo responder con mayor amor y fidelidad al llamado de Jesús, como Pedro.
Hermanos, que el Espíritu Santo nos dé la fuerza para obedecer su llamado y vivir con alegría la misión que Él nos ha encomendado. Que, como Pedro, podamos decirle con sinceridad: “Señor, tú sabes que te amo”. Sigamos adelante con esperanza, sabiendo que Cristo resucitado camina con nosotros. ¡Que la paz del Señor resucitado llene nuestros corazones!