Junio 1, 2025
La Ascensión del Señor
Lucas 24:46-53
Queridos hermanos:
hoy celebramos la Solemnidad de la Ascensión del Señor, un evento que marca un momento culminante en la historia de nuestra salvación. Jesús, después de cumplir su misión en la tierra, asciende al cielo, pero no como un acto de separación, sino como una invitación a seguir construyendo el Reino de Dios aquí en la tierra. En su Ascensión, Cristo nos muestra que nuestra meta final es la vida eterna junto al Padre.
En la primera lectura, se nos presenta el momento en que Jesús asciende al cielo después de haber instruido a sus discípulos sobre la misión que les espera. Les promete el Espíritu Santo como guía y fuerza para ser testigos de su mensaje. Los ángeles les recuerdan que no deben quedarse mirando al cielo, sino actuar con fe y valentía para continuar la obra de Jesús en el mundo. El salmo de hoy expresa un canto de alegría y triunfo y nos invita a celebrar la exaltación de Cristo como Rey del universo y a confiar en su soberanía sobre toda la creación.
San Pablo nos muestra a Cristo exaltado a la derecha del Padre, por encima de toda autoridad y poder. Jesús es la cabeza de la Iglesia, y nosotros, como su cuerpo, participamos de su gloria y misión. Esto nos recuerda que la Ascensión no solo marca la glorificación de Cristo, sino también nuestra esperanza en la vida eterna.
El Evangelio de Lucas nos presenta las últimas palabras de Jesús a sus discípulos antes de ascender al cielo. Les recuerda que todo lo sucedido – su pasión, muerte y resurrección – era parte del plan de Dios. Jesús los envía a predicar el arrepentimiento y el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, y les promete el envío del Espíritu Santo como fortaleza para cumplir esta misión.
La imagen de Jesús levantando sus manos para bendecir a los discípulos mientras asciende al cielo es profundamente significativa. Es un gesto de despedida que no deja vacío, sino esperanza. Aunque Jesús sube al cielo, no nos abandona; más bien, nos da la responsabilidad de continuar su obra. Esta escena nos invita a mirar más allá de lo visible, a creer que Jesús está presente en nuestras vidas de una manera nueva y transformadora.
El Evangelio también nos llama a ser testigos de Cristo. Así como los discípulos fueron enviados a predicar, nosotros también estamos llamados a llevar el mensaje de salvación a nuestro entorno. La Ascensión no es una despedida triste, sino el inicio de nuestra misión como Iglesia, fortalecidos por la promesa del Espíritu Santo.
Por tanto, la Ascensión del Señor nos enseña que nuestra fe no se detiene en lo terrenal. Jesús asciende al cielo para abrirnos el camino hacia la eternidad, pero nos deja con una misión clara: ser testigos de su amor, su perdón y su esperanza en el mundo. Hoy se nos invita a vivir con alegría y confianza, sabiendo que Cristo está con nosotros y que su Espíritu nos guía en nuestra tarea.
Cómo estoy viviendo mi llamado a ser testigo del amor y la verdad de Cristo? ¿Confío plenamente en la promesa de Jesús de estar conmigo siempre. Cómo puedo abrirme más al Espíritu Santo para cumplir la misión que Jesús me encomienda.
Hermanos y hermanas, no nos quedemos mirando al cielo, como los discípulos en la Ascensión. Pongámonos en acción, llevando el mensaje de Jesús a quienes nos rodean.
Que nuestra vida refleje la alegría de saber que Cristo está con nosotros siempre, guiándonos con su Espíritu. Caminemos juntos como Iglesia, construyendo el Reino de Dios aquí en la tierra, con la mirada puesta en la vida eterna que Él nos ha prometido. Ánimo, Cristo vive y nos envía a ser sus testigos!