Queridos hermanos: En este segundo Domingo de Adviento, las lecturas nos invitan a reflexionar sobre la preparación para la venida del Señor destacando el llamado a la conversión y el anuncio de esperanza que trae la venida de Cristo.
El arzobispo Gregory Aymond, pronunció la siguiente homilía en la Misa anual por las Víctimas y Sobrevivientes de la Violencia, en la catedral de San Luis el 27 de octubre:
Queridos hermanos: Hoy, las lecturas que hemos escuchado nos llevan a reflexionar profundamente sobre nuestra relación con Dios y con los bienes de este mundo.
Mientras nos preparamos para celebrar el Domingo Mundial de las Misiones el 20 de octubre, reflexiono sobre la rica historia del trabajo misionero dentro de nuestra Iglesia y, cómo continúa moldeándonos hoy.
Queridos hermanos: La enseñanza de Jesús en este domingo es muy clara, si le seguimos debemos estar abiertos a todo lo bueno y positivo que está presente en el mundo, porque siempre es un signo profético, siempre será una manifestación del amor de Dios venga de donde venga.
Queridos hermanos: El domingo pasado vimos cómo Jesús iba recorriendo Galilea “haciendo el bien”, o sea predicando la Buena Nueva, haciendo curaciones, etc.
Queridos hermanos: El pueblo de Israel pensaba que con el solo cumplimiento externo de la ley, podrían salvarse. Nada les decía lo que tenían en su interior, en su corazón, en sus actitudes…
Queridos hermanos: La primera lectura de este domingo nos presenta una de las ocasiones en que el proyecto de ser un pueblo libre en una tierra libre, guiados por el Dios que escuchó su clamor cuando eran esclavos… es puesto en cuestión ante las dificultades que se encuentran en el camino.
Queridos hermanos: Regresamos al tiempo Ordinario, después de la Pascua y las fiestas posteriores, con una clara invitación a mirar de nuevo nuestra cotidianidad, la realidad más cercana, la vida de cada día y, especialmente nuestra propia naturaleza, que, aunque mortal y por tanto débil, es de Dios, llamada a ser, cada vez, más humana y más divina.
La Palabra de Jesús, que permanece en nosotros y nos va “limpiando”, podando, purificando para que aumenten los frutos de Amor. De ahí la importancia del encuentro frecuente con la Palabra en nuestras celebraciones y en nuestra vida espiritual.
La guerra es a la vez una triste realidad y un síntoma de nuestra naturaleza humana caída. Los historiadores han designado dos guerras del siglo XX, como guerras “mundiales”, pero la amarga verdad es que la guerra global permanece con nosotros y, como ha dejado claro el Papa Francisco, representa un grito contra la humanidad que es siempre y en todas partes una derrota.